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Alajuela, Costa Rica  |  Quequitos libres de gluten

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Acerca de Mí

Mi historia

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Hola, soy steff

Hubo un día en 2019 que lo cambió todo para mí. Ese año, recibí un diagnóstico que a cualquiera le desencajaría los planes: intolerancia al gluten.

De la noche a la mañana, el mundo de la cocina tal y como lo conocí se volvió un terreno peligroso. Tras salir de la consulta con mi nutricionista, tomé una decisión motivada por el instinto de protección: para evitar cualquier riesgo de contaminación, cocinaría absolutamente todo lo que comería. Pero cuidar la salud no tenía por qué significar renunciar al placer.

Pasaban los días y sentía un antojo constante, de esos que abrazan el alma: quería comerme un quequito. Un quequito esponjoso, delicioso, que supiera a gloria y, sobre todo, que no me hiciera daño.

Sin embargo, al explorar las opciones del mercado, me topé con una realidad desoladora. Quienes no pueden consumir gluten conocen bien este secreto a voces: la gran mayoría de los productos comerciales libres de gluten son secos, insípidos o tienen texturas acartonadas. No daban felicidad; daban resignación.

Fue ahí donde nació mi verdadera misión. No quería solo un postre para mí; quería descifrar el código de la repostería sin gluten. Me propuse la meta de hornear un quequito que devolviera la satisfacción de comer algo realmente rico, un bocado seguro que cualquier otra persona en mi situación pudiera disfrutar sin un ápice de miedo.

El camino, sin embargo, fue mucho más amargo que dulce. La cocina se convirtió en un laboratorio de alquimia. Cambié harinas, ajusté tiempos, probé sustitutos. Fue una época de intensa prueba y error.

A veces el quequito no crecía; otras, se desmoronaba al tacto o el sabor simplemente no estaba ahí. Ver cómo decenas de intentos terminaban en la basura empezó a pasarme una factura emocional alta. La frustración y el desánimo se instalaron en mi cocina. Hubo momentos de querer tirar la toalla, preguntándome si realmente era posible lograrlo.

Pero la persistencia fue más fuerte que la frustración. Limpiaba la mesa, volvía a encender el horno y lo intentaba una vez más.

Y entonces, tras innumerables batallas contra el horno, la magia ocurrió. El aroma que inundó la cocina ya era diferente. Al sacarlo, la textura era perfecta; al probarlo, el sabor era exactamente el que había soñado. Por fin había perfeccionado la receta del ahora icónico quequito de banano sin gluten.

Lo que comenzó como una necesidad personal y un antojo insatisfecho se transformó en un emprendimiento con alma. Hoy en día, el menú ha crecido y horneo con éxito otras variedades de quequitos, pero el de banano sigue siendo el rey indiscutible, el más aclamado por los clientes y el testimonio vivo de que, con amor y perseverancia, se puede transformar un diagnóstico difícil en la receta más dulce de tu vida.

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