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Alajuela, Costa Rica  |  Quequitos libres de gluten

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Mi historia

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Hola, soy steff

Hubo un día en 2019 que lo cambió todo para Estefany González Valerio, aunque en su círculo cercano todos la conocen simplemente como Steff. Ese año, recibió un diagnóstico que a cualquiera le desencajaría los planes: intolerancia al gluten.

De la noche a la mañana, el mundo culinario tal y como lo conocía se volvió un terreno minado. Tras salir de la consulta con su nutricionista, Steff tomó una decisión radical impulsada por el instinto de protección: para evitar cualquier riesgo de contaminación, cocinaría absolutamente todo lo que se llevara a la boca. Pero cuidar la salud no tenía por qué significar renunciar al placer.

Pasaban los días y Steff sentía un antojo persistente, de esos que abrazan el alma: quería comerse un quequito. Un quequito esponjoso, delicioso, que supiera a gloria y, sobre todo, que no le hiciera daño.

Sin embargo, al explorar las opciones del mercado, se topó con una realidad desoladora. Quienes no pueden consumir gluten conocen bien este secreto a voces: la gran mayoría de los productos comerciales libres de gluten son secos, insípidos o tienen texturas acartonadas. No daban felicidad; daban resignación.

Fue ahí donde nació su verdadera misión. Steff no solo quería un postre para ella; quería descifrar el código de la repostería sin gluten. Se propuso la meta de hornear un quequito que devolviera la satisfacción de comer algo realmente rico, un bocado seguro que cualquier otra persona en su situación pudiera disfrutar sin un ápice de miedo.

El camino, sin embargo, fue mucho más amargo que dulce. La cocina de Steff se convirtió en un laboratorio de alquimia. Cambió harinas, ajustó tiempos, probó sustitutos. Fue una época de intensa prueba y error.

A veces el quequito no crecía; otras, se desmoronaba al tacto o el sabor simplemente no estaba ahí. Ver cómo decenas de intentos terminaban en la basura empezó a pasarle una factura emocional alta. La frustración y el desánimo se instalaron en su cocina. Hubo momentos de querer tirar la toalla, preguntándose si realmente era posible lograrlo.

Pero la persistencia de Steff fue más fuerte que la frustración. Limpiaba la mesa, volvía a encender el horno y lo intentaba una vez más.

Y entonces, tras innumerables batallas contra el horno, la magia ocurrió. El aroma que inundó la cocina ya era diferente. Al sacarlo, la textura era perfecta; al probarlo, el sabor era exactamente el que había soñado. Steff había perfeccionado la receta de su ahora icónico quequito de banano sin gluten.

Lo que comenzó como una necesidad personal y un antojo insatisfecho se transformó en un emprendimiento con alma. Hoy en día, el menú ha crecido y Steff hornea con éxito otras variedades de quequitos, pero el de banano sigue siendo el rey indiscutible, el más aclamado por sus clientes y el testimonio vivo de que, con amor y perseverancia, se puede transformar un diagnóstico difícil en la receta más dulce de tu vida.

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